Érase una vez un pueblo redondo de calles concéntricas y pavimento adoquinado, de adorables plazas y casitas entramadas a las que apetece dar un bocado, un pueblo en el que el tiempo se pierde en un laberinto de juguete.
Érase una vez un pueblo redondo de calles concéntricas y pavimento adoquinado, de adorables plazas y casitas entramadas a las que apetece dar un bocado, un pueblo en el que el tiempo se pierde en un laberinto de juguete.