Cuando el poblado colombiano de Nuestra Señora de La Candelaria de Aná adquirió el título de villa en 1675 incorporando el nombre de Medellín, nadie podía imaginar en lo que se iba a convertir para la futura Colombia. Y a buen seguro que, al otro lado del Atlántico, ningún metelinense sospechaba que la Medellín colombiana iba a terminar multiplicando la población de la villa “original”.