Dicen que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Es un pueril mantra de autoayuda y, además, rotundamente erróneo. Solo hay que analizar superficialmente la historia del arte para darnos cuenta de que el tiempo no es el mismo para unos que para otros. ¿Y cuál es el sitio de Camille Claudel? ¿El de las locas amantes despechadas? ¿O el de las mujeres víctimas de una historia (del arte) escrita por historiadores mitómanos?