“Érase un hombre a una nariz pegado, / érase una nariz superlativa, / érase una nariz sayón y escriba, / érase un peje espada muy barbado”. Con un poco de autotune y unas buenas bases, ya podríamos tener el inicio de un trap o un reguetón, pero se trata de los famosos versos que dedicó Quevedo a Góngora, uno de los más famosos beef de la historia cultural española.