Fue en 2018 cuando el Instituto Español de Oceanografía (IEO) adscrito al Ministerio de Ciencia lograba por vez primera criar pulpo en cautividad, una hazaña de investigación biológica que también podía tener su vertiente comercial: ofrecer una alternativa rentable a la creciente demanda de pulpo para consumo humano que está aumentando en países como Estados Unidos o Japón lo que supone la sobreexplotación de caladeros