Cuando la sientes cerca es como un fulgor que ilumina todo a su alrededor, pero temes mirarla directamente por miedo a romper el hechizo de un amor imposible, porque ella es como el sol, nunca se mira directamente, pero todo lo envuelve en candor y belleza. No quieres nada de ella, solo que esté, que respire, porque ella conduce hacia el sentimiento más puro y auténtico: el amor, no (solo) el amor romántico y la pulsión física, sino el amor universal, tan puro como inasible.