“Me siento muy optimista sobre el futuro del pesimismo”, dijo una vez con ironía el filósofo y biólogo Jean Rostand. Y es que ser loqueseapesimista en nuestro mundo es casi inevitable, pero el pesimismo nunca debe ser concebido como un fatalismo romántico, como una actitud autocompasiva y derrotista, sino como un medio activo para cambiar aquello en lo que ya no creemos, para rebelarnos contra aquello que nos inocula pesimismo