“Es bueno, pero no es Tiziano”. Durante muchos años, el joven Tintoretto (1518-1594) tuvo que lidiar con la alargada sombra del maestro. Tiziano era el tótem de la pintura veneciana durante la primera mitad del siglo XVI y no iba a ser fácil prosperar. Y más cuando el maestro le echó de su taller por culpa, dicen, de su mal genio. Pero Tintoretto también heredó de Miguel Ángel, su otro gran referente, su implacable determinación.