El hombre de Marianela Gallardo es un superhombre pero no tiene nada de nietzscheano. Es un hombre poderoso, rotundo, determinado pero que vive para ella, la mujer, a la que envuelve en un abrazo místico, inapelable. Pero no es un abrazo protector, no es un abrazo condescendiente. El hombre de Marianela Gallardo no abraza a la mujer para reafirmar su virilidad, sino que anhela una fusión espiritual. Es el nuevo hombre que abraza a las mujeres.