Eficiencia, rendimiento, gestión del tiempo, cumplir objetivos, evitar la procrastinación… Conocemos al dedillo el manual teórico del buen trabajador, aquel que es permanentemente productivo y cumple irreductible con los objetivos de su trabajo. Pero, ¿y si no fuera buena idea ser siempre productivo? ¿Y si estamos convirtiendo la vida en una interminable lista de objetivos por cumplir?