Hubo un tiempo en el que, para los aficionados españoles al ciclismo, solo existía el Tour de Francia y el término “clásica” sonaba a cine o a música. Pero con el tiempo hemos ido aprendiendo que en primavera existe “otro” ciclismo en el que no cuenta la general ni la pendiente de los puertos, donde no hay Alpes ni Pirineos, pero que puede ser más espectacular, si cabe, que las subidas a Tourmalet, Galibier y compañía.