En el 11 de la Dresdener Strasse vivió un jovencísimo Nick Cave que había aterrizado en Berlín en 1982 atraído por la contracultura de la ciudad dividida. Cave residía a un paso de Kottbusser Tor y del propio SO36 donde el músico australiano empezaría a dejar constancia del tremendo potencial de sus catárticos directos.